Estas tarjetas no sustituyen una evaluación técnica ni la experiencia de quienes conocen el trabajo. Ayudan a ordenar una conversación concreta antes de decidir qué hacer después.
Mide impacto, no actividad
Qué es: una forma de convertir una idea amplia en un cambio observable.
Por qué importa: ayuda a distinguir entre usar una herramienta y mejorar de verdad el trabajo.
Si se omite: el equipo puede celebrar actividad sin saber si redujo tiempo, errores o retrabajo.
Diseña para los extremos
Qué es: mirar primero las situaciones difíciles, raras o sensibles.
Por qué importa: esos casos revelan las reglas y pausas que una solución necesita.
Si se omite: algo puede funcionar en promedio y fallar justo donde una persona necesita intervenir.
El contexto es el producto
Qué es: tratar documentos, reglas, ejemplos y decisiones previas como parte de la solución.
Por qué importa: una respuesta útil depende de saber qué información es relevante y cuál no.
Si se omite: la herramienta llena vacíos con supuestos y el resultado pierde confianza.
Lo simple vence a lo complejo
Qué es: empezar con la versión más pequeña que permita aprender algo real.
Por qué importa: una prueba acotada es más fácil de revisar, corregir y detener.
Si se omite: el equipo puede invertir demasiado antes de saber si resolvía el problema correcto.
Separa producción, verificación y responsabilidad
Qué es: distinguir quién prepara una salida, quién la revisa y con qué criterio.
Por qué importa: una salida convincente no necesariamente es correcta ni está lista para usarse.
Si se omite: quien produce termina siendo juez y parte, y los errores se vuelven más difíciles de detectar.
La arquitectura importa más que el modelo
Qué es: ordenar la información, los pasos y las personas que hacen posible un resultado.
Por qué importa: una secuencia clara reduce dependencia de una herramienta específica y facilita el trabajo en equipo.
Si se omite: cambiar de herramienta puede parecer la solución cuando en realidad faltaba diseñar el proceso.